COMPAÑÍA HERMANA

EN TORNO AL ORIGEN DE UNA HERMANDAD

Vol. Hon. Adolfo Márquez Esparza
Segunda Compañía C. B. de Chillán

Debió ser allá por el 19 de diciembre de 1992, cuando el hemisferio Sur despedía la primavera y con ansias nos preparábamos para recibir un nuevo verano prometedor de fuerzas vivificadoras como el vino que por la fecha comenzaba a inundar las raíces de los parronales aledaños a la ciudad.
Aquella tarde me sorprendió paseando, como muchos otros días con mi pequeño hijo Ignacio, que recién se empinaba por los dos años. Como todo bombero comprometido con la causa, debía hacer un poco de “vida de cuartel” para aplacar el calor en torno a una buena conversación en el casino institucional y por si acaso “caían los timbres”, para vivir un poco más de emoción.
Por aquella época vestía una cotona diferente a la roja-fuego-pasión de hoy, y la Compañía no tenía actividad ese día, por lo que se aventuraba alguna actividad especial. Sin embargo, al encontrar mucha efervescencia entre el personal bomberil que allí estaba, que por lo demás era mucho para una tarde de sábado, mi curiosidad fue más fuerte y pregunté que estaba sucediendo.
Ahí fue cuando me enteré que la Segunda Compañía, que por esos días celebraba un nuevo aniversario, estaba esperando importantes visitas desde la capital. Naturalmente aquella información despertó aún más la curiosidad y me fui quedando entre conversación y saludos de los voluntarios que en gran número llegaban a nuestro Cuartel
Como formábamos parte de los no invitados a esa fiesta mirábamos desde la distancia, pero sin perder detalles. Había que aprender.
De pronto hubo más agitación entre el personal segundino, gritos y vivas!, la razón de tal algarabía era que ya estaba a la vista el bus que traía hasta Chillán a tan ilustres visitas. Unas pocas maniobras para estacionar en las afueras del Cuartel por calle El Roble, se abre la puerta del bus y alcanzan a descender dos o tres voluntarios de la Primera de La Cisterna, algunos abrazos… y de pronto todo se ve trastocado.
Caen los timbres y se escucha la voz de Jaime (el cuartelero de turno) dando la alarma de “Barracaaaa¡¡¡¡¡, se quema la barraca Bocaz¡¡¡¡”. No hay más abrazos, sólo carreras, ulular de sirenas, voces ordenando esto o aquello. Recuerdo que tomé un radiotaxi para ir a dejar a mi hijo a casa, tomar el uniforme y dirigirme al lugar del siniestro, que quedaba a un par de cuadras de donde vivía. Sorpresa grande fue encontrar combatiendo el fuego a tanto bombero desconocido y sin uniforme de trabajo, pero con mucho ímpetu. Que había sucedido? Los bomberos visitantes se dirigieron en su mismo transporte al lugar amagado para sumarse a las tareas de extinción del fuego devastador. Aquella noche no hubo fiesta…
Muchas hojas cayeron del calendario y por esas pasiones humanas un día cualquiera paso a formar parte de la Segunda Compañía de Bomberos de Chillán y comienzo a vivir en forma directa el intercambio de visitas con la Primera de La Cisterna. En junio para Santiago, en diciembre para Chillán y de vez en cuando otro viajecito intercalado por ahí.
Un día cualquiera, un cadete me pregunta acerca de por qué estas dos Compañías se visitan, la verdad es que no tuve respuesta. Entonces preguntamos a un voluntario más antiguo, el que vagamente respondió que hacía años que se juntaban porque don Claudio Insunza había hecho algo para unirlas en un vínculo de amistad. A partir de ese momento me propuse la tarea de investigar las razones exactas y perpetuarlas para que las nuevas generaciones de bomberos no las pierdan de vista.
Efectivamente don Claudio Insunza Fernández, voluntario fundador de la Primera Compañía de Bomberos de La Cisterna, fue el gestor de la unión de estas dos Compañías. Pero cómo es que se gestó todo esto? La respuesta nos la da la señora María Insunza (Marujita para la familia bomberil)
Ella cuenta que su padre, Don Claudio, era empleado público, con desempeño en los Tribunales de Justicia y como tal fue trasladado a Chillán, aunque también debió desempeñarse en Yungay, Bulnes, Yumbel, San Carlos y Temuco. Que a pesar de la intensa actividad que desarrollaba siempre manifestaba que le faltaba algo. La añoranza por su Compañía de Bomberos era algo que le carcomía lo más profundo de su alma. Siempre quiso integrase a bomberos, más aún cuando en Chillán encontró una Compañía con uniforme similar al de su Primera Compañía. Dice Marujita que lo que más quería su padre era ingresar a bomberos, pero tenía sus temores le decía: “… cómo me van a dejar afuera por vejez…”. Creo, dice la hija, que mi padre nunca fue tan feliz como cuando se reencontró con los bomberos cisterninos y más aún con la unión de sus dos Compañías.

El año 2002, luego de 10 años de constantes visitas de intercambio, por iniciativa del director de la Segunda Compañía de Chillán, Adolfo Márquez Esparza, se propuso a la Primera Compañía de La Cisterna, dirigida por Jaime Miranda Núñez, la firma de un Acta de Hermandad, propuesta que fue bien acogida por los voluntarios de ambas unidades. Fue así como primero se firmó en la ceremonia de aniversario de la Primera, en La Cisterna y luego se ratificó en Chillán, junio y diciembre de 2002.
A partir de entonces los lazos de hermandad se han ido estrechando y trascendiendo más allá de lo estrictamente bomberil. En muchos casos se han estrechado lazos entre las familias de los bomberos.

Reproducción del Acta de Hermandad firmada por ambas Compañías en el año 2002.