NUESTRO MÁRTIR

Los Bomberos de Chile tiene casi 166 años de historia, en donde ha existido una constante preparación para enfrentar las emergencias y así también, existe la capacitación para minimizar los riesgos y enfrentar las emergencias sin perdidas de visas propias o ajenas. 

No obstante, en ciertas ocasiones, la vida nos presenta exigencias supremas, cuando en algunas situaciones acaecidas por terceros que desatan desgracias que, si bien eran evitables, ocurren como siguiendo las pautas de las tragedias griegas.    El  valor del bombero consiste en desconocer y aceptar ese margen imprevisto en el cual se involucra su propia existencia.

Oscar Encalada Yovanovich, se vió enfrentado a este imprevisto, no vacilo en cumplir su juramento, teniendo pleno conocimiento del riesgo al que se exponía, mejor que nadie, sus conocimientos profesionales avalaban que no seria una situación fácil de controlar, pero existía algo mayor que el riesgo.  Un juramento de honor, desde lo más profundo de los sentimientos, desde ese punto que no se puede describir con palabras sino que se debe sentir, un deber que casi no tiene racionalidad, sino que sólo se debe cumplir. Y ese deber, el de salvar la vida de obreros, trabajadores, padres de familia, lo llevo a la inmolación.     Hoy sabemos que uno de esos trabajadores formo su familia, tuvo hijos e incluso en la actualidad, nietos que viven en plenitud su vida, gracias a la acción de Oscar Encalada Yovanovich, cuyo acto ha ser el ejemplo que hoy seguimos fielmente y que no descasaremos en recordar y alabar.

El mejor homenaje, recuerdo y respeto hacia la persona de nuestro querido Oscar Encalada Yovanovich, será siempre el realizar un trabajo impecable, con profesionalismo, dedicación, cariño y servicio al prójimo, desarrollando una participación conjunta y coordinada con cada uno de los activos y honorarios primerinos.

“Puede ser un héroe lo mismo el que triunfa o el que sucumbe……, pero jamás, el que abandona el combate”   (Thomas Carlyle)